Yo también soy Tourette
La vida que es buena, agradable y perfecta. Además ella nos habla constantemente.
Su voz es continua y a veces casi repetitiva, pero está vestida de tantos matices, formas, acentos, que impregna y rebosa nuestros sentidos.En el parque donde hago ejercicios en las mañanas, trota un hombre con su perro. Él frecuentemente emite unos entre gritos y/o gruñidos, algunas veces, ligeramente también contrae los hombros y gira la cabeza, luego, prosigue sus caminatas.
A un vecino le vi por vez primera, gritando a un perro manso, del frente de su casa. Luego noté que ante el calor de Barranquilla se colocaba bufanda, gorra, suéter, audífonos y camina hablando en voz alta. Un día le pregunté si tenía el Síndrome de Tourette, a lo que me contestó, que no sabía qué era eso, que él no estaba enfermo ni loco, así que cambiamos el tema y conversamos sobre su bicicleta y la mía.
Desde entonces, poniendo atención, he notado que estas personas exteriorizan con el Síndrome, sus emociones, pensamientos y sus diálogos internos (la sombra de Jung).
Yo en lo particular me he dado al ejercicio personal de escuchar con mayor conciencia mis comentarios, diálogos, exclamaciones, gritos, gruñidos, groserías,,, y creo que también cargo dentro un Tourette, solo que el mío no se escucha ni se ve. Incluso he experimentado la contracción, generalmente en emoción de desagrado o desaprobación ante lo que pienso, hago o digo, o hacia otros.
En este momento estoy descubriendo y reconociendo esa sombra en mí, y mirándola con aceptación, como parte mía, la estoy abrazando y agradezco al vecino y a este otro hombre que pasea con su perro, que hayan sido espejo para mí en esta nueva etapa de autodescubrimiento, necesario para seguir sanando, creciendo y extendiendo mi amor hacia mí y hacia las personas de las que me sentía decepcionada cuando visualizaba un poquito de su sombra.

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